miércoles, 25 de noviembre de 2009

Continúa la historia...

Cinco años mal contados habían transcurrido desde que Patricia había empezado a recibir tratamiento para sus frecuentes problemas de salud, y sólo después de muchos otros años en los que el personal médico no se había preocupado lo suficiente en encontrar las causas de sus quebrantos y mucho menos en tratarlos. A partir del claro y preciso diagnóstico comenzó el aburridor y estresante proceso de ingerir medicamentos diariamente, hacerse exámenes periódicamente, probar diferentes tratamientos y consultar al especialista con frecuencia. Nada funcionaba completamente, algunas veces el problema y sus agobiantes síntomas menguaban, otras veces se agudizaban; era un cuadro incierto donde todo podía pasar.
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Recientemente, Patricia presentó un retraso en su menstruación. Sin embargo, nada por qué alertarse; ya era normal para ella y para su esposo que se presentaran situaciones como ésta. Por lo que no prestaron mucha ni más de la acostumbrada atención a este suceso. Patricia acudió a su obligado control con la doctora que llevaba su caso. Ella ordenó los exámenes de rutina, entre los que incluyó, como sucedía siempre que se presentaba un retraso, una prueba de embarazo. Sin embargo, parece ser que en esta ocasión la médica apreció ciertas características algo particulares en Patricia, lo que la llevó a ordenar dicha prueba de manera diferente a las anteriores.
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Los exámenes y pruebas fueron practicados y los resultados fueron claros: ¡Patricia estaba embarazada! Había llegado el momento de una tercera persona en el hogar de Patricia y Nelson. Ella estaba tan conmovida por la emocionante noticia que reía y lloraba al mismo tiempo. Su esposo sólo la abrazaba y la acariciaba reconfortándola.
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Finalmente había sucedido…
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